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sábado, 18 de septiembre de 2010

Una web desde donde promover la música, sin riesgos de que hagan trampas con tu música


Creo, que en realidad es un foro adaptado para descargas de música. Pero al menos te garantizan, por lo que he visto hasta ahora, que no hay claúsulas trampa que perjudiquen al creador músical (cuando digo creador músical, estoy hablando de todos los profesionales participantes en la creación músical, no solo del compositor)

Sí queréis conocerla es http://www.musicosamateurs.com/. Y aunque con una interface más lujosa como myspace sería mucho más atráctiva (y ganaría más escuchas), por lo menos no hay abusos ni estafas a las que el colectivo está ya tan acostumbrado. Lo que piden es el derecho de reproducción (para reproducir en la web) como es lógico.

A ver que os parece.

Nosotros estamos como Compomusik, claro:)

Lo que sigue es la aclaración que el administrador me hace sobre como funciona legalmente su proyecto (citado con permiso del autor)

"Hola Lz, antes de nada muchas gracias por unirte a la comunidad. Te comento que sobre subir música el único derecho que nos otorgan los artistas es el de la reproducción y exposición en la web(que es básicamente como darnos permiso a tener publicada esa música).

Puedes estar tranquila por eso. Además es aconsejable agregar la url del registro(de licencia) si lo hay. Precisamente aquí no agregamos la licencia creative commons(la más popular entre las gratuitas) para dar libertad a los usuarios de agregar su propia licencia(gratuita o comercial). Pero tampoco es obligatorio que esté registrada bajo licencia.

El único requisito imprescindible, es que el usuario que sube un tema debe ser el autor del mismo, uno de los autores o el propietario de los derechos(si los hubiera)."

Lo dicho, de los pocos sitios respetuosos con el colectivo de la creación musical ¡ Felicidades¡

sábado, 7 de agosto de 2010

Como crear un disco de éxito, de Ignacio Escolar. Es del 2004, pero tiene toda la vigencia


Cómo crear un disco de éxito


¿Qué diferencia hay entre el “Aserejé” de Las Ketchup o el “Macarena” de Los del Río y el resto de las canciones? ¿Cómo es posible que sigamos silbando melodías de The Beatles treinta años después de ser compuestas? Sólo hay siete notas y las canciones pop no suelen ser mucho más complejas que meras combinaciones de acordes: variaciones de siete elementos tomados de tres en tres. A simple vista no parece un problema matemático muy complicado pero, ¿por qué algunas canciones son pegadizas y otras no?

El genial escritor Arthur C. Clarke se inspiró en esta pregunta para escribir uno de sus relatos cortos más logrados, “La melodía ideal”, publicado en 1957 dentro de sus “Cuentos de la taberna del ciervo blanco”. En este relato, C. Clarke plantea que la respuesta al enigma de las melodías pegadizas está en que estas canciones se asemejan a las frecuencias de las ondas cerebrales. En “La melodía ideal”, un científico conecta un piano a unos electrodos colocados sobre su cabeza y así consigue la canción perfecta. Lamentablemente, no es tan sencillo crear un gran éxito en ventas. No existe aún un ordenador capaz de componer melodías pegadizas y tampoco basta con bombardear desde la televisión y las radios para que un estribillo se pegue en nuestro cerebro como un chicle al zapato. La prueba es que no todo el mundo lo consigue. Los hermanos Ten pueden presumir de que ellos sí saben cómo crear una canción superventas.

Los “top Ten”

Toni Ten y Xasqui Ten son perfectos desconocidos. Viven en Tarragona y pueden coger el autobús sin miedo a ser abordados por los fans. Sin embargo, están entre los músicos que han compuesto más canciones superventas de los últimos años; desde el “Europe´s living a celebration” con el que Rosa concursó en Eurovisión hasta el “Yo quiero bailar” (toda la noche) de las neumáticas Sonia y Selena pasando por el “Duro de Pelar” de Rebeca.

Los hermanos Ten son músicos de formación clásica. Estudiaron en el Conservatorio de Barcelona y, como muchos otros, comenzaron su carrera en bandas de carretera. “Empezamos en los años 80 siendo músicos de la BBC: Bodas, Bautizos y Comuniones”, bromea Toni. De ahí pasaron a producir casetes de flamenco y rumbas de gasolinera, y después música disco y remixes hasta que a finales de los 90 llegaron a lo más alto de las listas. Primero con varios artistas de la discográfica Vale Music; más tarde, con el programa Operación Triunfo. Ahora se encuentran entre los productores más cotizados en España y han trabajado con solistas superventas como David Civera, Coyote Dax, Rosa o Bustamante, aunque siguen siendo personas anónimas. “El productor es alguien que está detrás, por eso nuestro nombre sale en los créditos con letra pequeña. Lo importante es el artista”, asegura Toni Ten.

Para ellos la receta del “hit” perfecto no existe, aunque tampoco es una cosa fácil. Toni recuerda lo que les costó el “Yo quiero bailar toda la noche” de Sonia y Selena. “Aunque no lo parezca, es una canción complicada de componer. Queríamos hacer un éxito, una melodía tan sencilla y tan simple que fuese fácil de asimilar, que bastase escucharla dos veces para quedarse con ella en la cabeza”. Toni y Xasqui, sin embargo, creen en la inspiración y en el trabajo, aunque recientes estudios científicos –sin quitarles mérito- están intentando explicar por qué estas melodías pegajosas son tan difíciles de olvidar.


No me puedo sacar esa canción de la cabeza

James Kellaris es, además de músico, profesor de la Universidad de Cincinnati. Lleva 15 años estudiando la relación entre la música y las listas de ventas, un trabajo de especial importancia tanto para discográficas como para agencias de publicidad. Su última teoría es que esas canciones que se quedan fijas en la memoria producen una especie de “comezón cerebral” que sólo puede aliviarse mediante la repetición mental de la melodía una y otra y otra vez. Tararear las canciones es, según James Kellaris, como rascarse cuando te pica la nariz. “Una 'picazón cognitiva' es una metáfora que explica cómo estas canciones se nos quedan grabadas”, afirma Kellaris en una reciente entrevista publicada por la BBC (la de verdad, no la de los hermanos Ten). “La clave está en la repetición”, dice el compositor de música para publicidad Chris Smith, que colabora con Kellaris en esta investigación. “Si una canción tiene muchos elementos musicales y variaciones, no se asimila fácilmente”.

“Entre un 97% y un 99% de la población es susceptible a este fenómeno, pero alguna gente es más proclive que otra. A las mujeres les sucede más que a los hombres y también es más frecuente en los músicos”, explica Kellaris. Según esta teoría, cuanto mayor es el talento musical, más molestas resultan para el cerebro las canciones pegadizas. Al parecer Mozart no podía soportar que sus hijos tocasen una canción en el piano sin terminarla. Si la dejaban a medias, el músico bajaba de su habitación, se sentaba ante el piano y no podía levantarse hasta interpretar la canción completa.

Sin embargo, hay quien defiende que el hecho de que una canción sea pegadiza no es sinónimo de éxito en ventas “Una cosa es que la canción se te quede trabada en el cerebro y otra es que te guste”, afirma Luis Carlos Esteban, ex teclista de “Olé Olé” y productor de grupos como Astrud o Ellos. “Hay que diferenciar entre esos dos factores. En publicidad antes se usaba el `jingle´, la melodía fácil y pegajosa. Con el paso del tiempo se ha visto que es más efectiva la comunicación por connotaciones culturales. Para vender es más útil emplear una música que guste al sector al que quieres llegar aunque sea menos pegadiza”, recalca Luis Carlos.


Matemáticas para la melodía ideal

Las investigaciones de Kellaris y Smith no son las primeras que abordan esta pregunta desde el punto de vista científico. Durante la primera mitad del siglo XX, el pianista y matemático ruso Joseph Schillinger elaboró una compleja teoría musical sobre este campo. Según Schillinger, se podrían componer canciones pegadizas combinando parámetros de anteriores canciones de éxito.

En los años 50, Harry Olsen y Hebert Belar, dos ingenieros electrónicos estadounidenses, intentaron llevar sus teorías a la práctica y construyeron un enorme instrumento automatizado, el RCA Music Synthetiser, que funcionaba por medio de tarjetas perforadas y válvulas de vacío. El sintetizador RCA no consiguió su objetivo, jamás compuso una sola canción de éxito, pero ha pasado a la historia de la música como uno de los primeros instrumentos electrónicos.

Las teorías de Schillinger todavía tienen seguidores. Una empresa catalana, Polyphonic HMI, ha creado un software que intenta aplicar las matemáticas a la caza del “hit” perfecto. Su programa informático cuenta con una base de datos de 3,5 millones de canciones –las más vendidas de las últimas décadas–. Analizando determinados parámetros, como el ritmo o el orden de los acordes, Polyphonic HMI asegura que su software puede predecir si una canción tendrá éxito o no. Por unos 10.000 euros, Polyphonic HMI elabora un informe que detalla incluso el número mínimo de copias que venderá una determinada canción. ¿Acabará este programa con la función del “cazatalentos”. Polyphonic HMI en su página web dice que no: “Es sólo una herramienta más para que los ejecutivos de las discográficas realicen mejor su trabajo; nuestra tecnología es para la música como los rayos X para la medicina”. Su programa se llama “Hit Song Science” y ya lo usan grandes discográficas como Sony, Warner o Universal para elegir un single o ver si merece la pena invertir en la promoción de un determinado artista. Para los sellos, acertar con estas decisiones es básico.


Las discográficas, esclavas del “hit parade”

En España, para que un lanzamiento de una multinacional sea rentable tiene que vender al menos 50.000 copias, algo que sólo consiguen un pequeño porcentaje de los grupos. Con cada artista que factura medio millón de discos, se pagan los números rojos de todos aquellos que se han quedado en 20.000 unidades. Para las discográficas, la caza del hit es vital.

El problema al final está en cómo repartir los recursos de la discográfica entre los distintos discos que salen al mercado. “No es una ciencia exacta, no sabemos hasta que punto importa la inversión en publicidad porque hay veces que ni gastando mucho dinero se vende mucho y hay grupos que arrasan con presupuestos mínimos”, reconoce el responsable de márketing de uno de los principales sellos españoles, que prefiere no dar su nombre.

Aunque la promoción no garantiza resultados y hay excepciones que triunfan sin gastar apenas en ella, siempre hace falta un mínimo para poder ascender en las listas de éxitos. Por eso la mayoría de los discos son deficitarios. Según un estudio publicado por la revista Salon.com, en Estados Unidos es prácticamente imposible que el público conozca una canción sin destinar al menos 100.000 dólares en sobornos a las radiofórmulas. Ése es el precio necesario para que una canción aparezca en la lista de las emisoras de Clear Channel Radio (la radiofórmula más popular en Estados Unidos) durante sólo una semana. Esta inversión no garantiza el éxito, pero sin ella es como si el disco no existiese.


Estos sobornos se conocen como “payolas”. Según Salon.com, el método que utilizan las discográficas para pagar consiste en contratar a unos intermediarios conocidos como “promotores independientes” que se ocupan a su vez de comprar a las emisoras para que la canción se repita en la radio una y otra vez. En España, aunque muchos reconocen que existen prácticas similares, nadie quiere hablar de ellas.

Este modelo de negocio es, en opinión de muchos, uno de los factores claves en la actual crisis que atraviesa la industria musical. “Las discográficas tienen hoy unos gastos que pertenecen a los años dorados, ha habido una recesión en ventas pero no se han recortado los gastos”, asegura Luis Carlos Esteban. Este productor encuentra en la caza del “hit” otro de los culpables de la caída en ventas: “Se está exigiendo tanta comercialidad a cualquiera de los productos de la industria que lleva a utilizar unos patrones muy reducidos de comportamiento musical. Así llegas a un cansancio, fatiga, reiteración, no existe la sorpresa, la novedad. Aburres a la gente”.

Sin embargo, la llegada de Internet –que tantos apuros provoca a los sellos por el auge de la piratería– también supone el fin del monopolio para las radiofórmulas, los grandes intermediarios culturales entre los creadores y el público. La red abre nuevas posibilidades de promoción: el boca oreja de los chats, los foros digitales o los programas de intercambio de canciones por Internet permiten que grupos sin el apoyo de los medios lleguen a un gran número de personas. En España está el caso de los asturianos Stormy Mondays, el único grupo español que ha tocado en el festival de Woodstock, que consiguió su fama desde el portal de descargas Mp3.com.

La tecnología democratiza el acceso a la creación. Hoy cualquiera puede grabar un disco sólo con un ordenador y, frente a la uniformidad de los lanzamientos comerciales de las multinacionales, están saliendo a la luz a través de Internet otros trabajos que antes habrían resultado demasiado arriesgados. Tal vez en el futuro, el éxito musical sólo dependerá del talento. Puede que dentro de unos años se diseñe un ordenador capaz de crear canciones perfectas, como en el relato de Arthur C. Clarke. Aunque el final de ese cuento no es feliz. La maquina logra su objetivo, pero la melodía ideal se asemeja tanto a los ritmos cerebrales que el protagonista del cuento se vuelve loco, ya que no puede sacarse de la cabeza esa canción. Casi lo mismo que nos pasa a muchos con el “Aserejé”.


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Publicado en la revista GQ. Algunos derechos reservados. Ignacio Escolar - Escolar.net

Publicado por Ignacio Escolar a las Abril 21, 2004 03:22 PM | TrackBack

jueves, 5 de agosto de 2010

(En inglés) Como trabajar de compositor. Ideas



DONDE ESTÁ EL ARTÍCULO

http://emusician.com/tutorials/emusic_jingles/

TEXTO

(Si necesitáis traducción os recomiendo el traductor de google)


Jingles All the Way
May 1, 2006 12:00 PM, By Steve Skinner


If you're skilled at composing, arranging, and producing, there's money to be made writing music for advertising. As with television and film scoring, the field is highly competitive, and only the most talented make a consistent living at it.

There are three basic ways to work as an ad-music composer-arranger. You can freelance; be a staff writer at a music-production company, or music house; or run your own music house.

Free, Not Easy
Ad-music writers often start out as freelancers. Although it's best to live in a major market area such as New York or Los Angeles to get that work, people can now work from anywhere given the ability of broadband Internet to transfer large audio and video files.

Here's a typical freelance scenario: An ad agency contacts one or more music houses and asks them to submit demos for a national commercial. Each music house typically submits four to six demos, some of which may be written by staff composers and some by freelancers.

Freelancers generally make $200 to $500 for such jobs, and are expected to turn in polished, finished-sounding tracks. Once all the demos have been submitted, the ad agency and its client listen and pick a winner.

The winning music house and the winning composer make any revisions required by the agency; the house then submits its final version. Several months later (agencies are notorious for being slow payers), the music house gets paid a creative fee from the agency, of which the writer typically gets somewhere between 30 and 40 percent. (It's up to the freelancer to negotiate that.) Depending on the size of the creative fee and the percentage the composer negotiated, his or her cut is typically around $1,000 to $2,000.

On commercials produced with union talent (which most national spots in the major markets are), you can make good money from the session and, especially, from the residual payments for singing on the track. You can also make decent money, although considerably less, from session fees and residuals earned for playing an instrument or instruments (see the sidebar “Residual Benefits”).

The Reel Thing
The best way to get your foot in the door with freelance work is to put together a demo reel, which consists of an audio CD featuring tightly edited musical pieces that show off your composition and production skills. If you've worked primarily on album projects, you can use song excerpts — but keep them short.

If you've composed music for picture, you might have enough material to make a DVD video reel. If you don't, consider recording commercials off the air and writing new music for them as a way to get more video-reel material. Whatever format your reel is in, it's crucial to put your best stuff first.

Once you have your reel together, start calling music houses and ask if you can submit it to them. Follow up with phone calls or emails, and be polite but persistent.

On the Payroll
If a music house is particularly impressed with your skills, it's possible to get a job as a staff composer. Those positions, however, are less common than they once were. I spoke with Fritz Doddy of Elias Arts (www.eliasarts.com), a major music house in New York. He told me that the staff writers there receive a salary and benefits, and they get residuals for the commercials they write, sing, and play on. Other music houses may have different types of compensation arrangements for their regular composers, such as paying them as independent contractors.

Those who have been successful as freelancers or staff writers often decide to form their own music companies. A case in point is Doug Hall, now the co-owner of and chief writer for Propeller Music and Sound Design in New York City (www.propellermusic.com). He got his start in ad music working as a studio assistant at one of New York's larger music houses. He says that to succeed with your own music company, you have to present the right image; that is, you need a slick Web site and a nice office. Marketing is key: get a list of possible clients, figure out what your strengths are and who to target, and then hit the phones.

If you don't have a talent for marketing, get a partner who does. It's common for music companies to have one person who specializes in the business side and another in the music.

The smaller music houses or one-person shops are less likely to use freelancers or staff writers. The local and regional ads that they compose for are typically nonunion “buyouts,” for which a creative fee is paid but residual fees are not. To get that type of work, you'll have to function as your own music house, marketing yourself directly to the agencies or clients.

What You Need
To compose and produce music, you'll need a professional-level, computer-based DAW system (Digidesign Pro Tools, Apple Logic Pro, Cakewalk Sonar, Steinberg Nuendo, MOTU Digital Performer, and so on). Because you'll frequently be working to picture, a standalone personal digital studio won't do. You will also need a wide variety of high-quality sounds; your competition will have all the cool sounds, so you'll need them, too. Make sure to keep up with the current trends in pop music.

If you're starting your own music house, set yourself up in a nice space. Ad agency personnel won't want to come to a dumpy studio, no matter how expensive your gear is. If possible, reserve an area for people to hang out in that has food, coffee, a TV, and so on.

Whether you're freelancing or starting your own company, you'll be competing with some of the finest talent in the country, and you'll need considerable chops in composing, playing, programming, arranging, and mixing. “Try to have a unique angle so that you can stand out from everyone else,” says Hall. “Your writing needs to be both unusual and on a very high level.”

Your ability to work with people is critical. You must be flexible. The best thing visually might not be the best thing musically. You won't always agree with the representatives from the agency, the client, or the music house about what is musically appropriate. Remember — this is work for hire; it's not about you as an artist. “Do your best work,” advises Hall, “then don't be too attached to it.”

Learning how ad agencies function also helps. Interning at an agency is an ideal first step. At a minimum, pick the brain of any ad person you know. Once you understand the process that the music goes through at an agency, and the many levels of approval it must pass through (creative director, producer, music producer, and client), you'll be better equipped to compose in the ad arena.

Just Do It
Commercial composers are often given very short turnaround times. You might have the weekend to compose and produce your demo, or you might be asked to do it overnight.

The reference materials you're provided with vary from job to job. If it's a jingle, you're usually given lyrics. You might also get a QuickTime video if it's a TV spot. However, you might get only a storyboard (preliminary drawings depicting the commercial) if the picture hasn't been shot yet. For a radio spot, you frequently get a copy of the script.

In almost all cases, you'll be given a description of the musical direction you're expected to follow. Adjectives like edgy, upbeat, positive, warm, and organic are typically used. Although those words are vague from a musical standpoint, you're often provided with a piece of reference music, which can help you figure out the direction the agency wants to go. If you're a freelancer, pay careful attention to the instructions given to you by your contact from the music house.

You can make a lot of money in the ad-music business, but it's not easy. To do it well, you must love your work, have the right instincts, and be prepared to work hard. If you do, then one of these days, you might just turn on the TV or the radio and hear your own music between the shows.



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Steve Skinner has worked as an arranger-programmer for Bette Midler, Jewel, Celine Dion, R. Kelly, the Bee Gees, and Chaka Khan. He has been composing ad music for 20 years.

SIDEBAR
RESIDUAL BENEFITS
The real money in the ad-music business is in residuals. These are payments made to the talent that plays and sings on commercials produced with union musicians.

As the composer, you've presumably played instruments on the track, so you're entitled to receive union session payments and any residuals that are generated. The latter are a percentage of your initial session fee, paid every 13 weeks that the spot runs (also paid if it's reused later). Musician residuals are paid through your local chapter of the American Federation of Musicians (which you'll need to join to receive the payments) and can be a nice addition to your income. But unless you play on a huge number of spots, you won't be able to make a living from residuals alone.

The highest-paying residuals go to those who sing on commercials. Those payments are made through the Screen Actors Guild (SAG) or the American Federation of Television and Radio Artists (AFTRA), and can earn singers significant amounts of money.

If you sing on a network commercial, you get a healthy payment for every two weeks the spot runs — and you get health insurance. Those payments are in the same pay range as the ones that go to the actors who perform on the spots. Ad-music people always try to sing on their spots, even if just on the background vocals.

In the '60s and '70s, there were big vocal groups on almost every jingle, and a lot of singers and composers got rich from those residuals. Subsequently, agencies cut costs by limiting the opportunities for group vocals. You still hear spots with group vocals, but not nearly as often.